HISTORIA DE LA MUSICA DEL HIMNO NACIONAL DEL PERÚ

HISTORIA DE LA MUSICA DEL HIMNO NACIONAL DEL PERÚ


José Bernardo Alcedo, el autor de la música del Himno Patrio


En Busca del Himno Perdido

EL Himno Nacional no tuvo hasta 1913 una versión oficial de la forma en que debe ser ejecutado. Ahora, casi 100 años después, se usa una versión pirata. Esto hubiera seguido inadvertido si no fuera porque el Maestro Miguel Harth-Bedoya, un incansable promotor de la música peruana, decidió tocar el Himno Nacional, en los Estados Unidos, para el estreno de la Sinfonía “Junín y Ayacucho”, de Enrique Iturriaga, que cita temas de la música de Alcedo. Para ello quiso contar con partituras impresas y encuadernadas como Dios manda

En eso, MHB recibió en facsímil la partitura preparada por Claudio Rebagliati en 1869, que es oficial desde 1901, e intangible por ley desde 1913. MHB, que ha dirigido el himno innumerables veces, comprobó que dicha versión no se toca. La Orquesta Sinfónica Nacional tiene la que supuestamente preparó el austriaco Leopold Weninger. MHB dirigirá la versión oficial del himno nacional este 18, en el concierto por el centenario del Conservatorio Nacional de Música. Aquí un repaso de los hechos. Desde el principio.

Apenas proclamada la independencia, San Martín convocó un concurso para seleccionar la música y la letra de la Marcha Nacional. Entre siete composiciones, el Libertador, oficiando de juez, jurado y perito escogió, en el acto, la de José Bernardo Alcedo. Su estreno oficial fue el 23 de septiembre de 1821.

Alcedo se afincó en Chile, desde 1922, por las siguientes cuatro décadas. Mientras tanto, su partitura se distribuyó a las reparticiones con los medios de entonces, que eran los de la buena de Dios, porque el gobierno controlaba sólo una fracción del territorio. Algunas dependencias ni siquiera la recibieron, sino que se agenciaron adaptaciones o versiones de oídas. Sin árbitro para las diferencias, por ausencia del compositor, las versiones se multiplicaron. Para su ejecución, el monopolio del gusto lo ejercían los jefes militares, y eso, en los albores de la república, era cosa seria.

El país comprendía ocho provincias, y el centralismo estaba muy lejano. Según el censo de 1927, la capital albergaba apenas al 4% de la población total, sin llegar a 60,000 habitantes, Arequipa tenía poco más de 50,000, Cusco bordeaba los 40,000, y las capitales provinciales, como Huamanga y Trujillo, rondaban los 20,000. Los jefes militares tenían la facultad de imponer exacciones y levas. Las tropas eran soldadescas carentes de disciplina, de pertrechos y hasta de paga, pero sobradas de impedimenta, porque el alistado se incorporaba a filas con la familia y todos sus trastos. Por eso, una campaña no parecía un despliegue militar, sino la procesión de una población nómada.

Desde la partida de Bolívar, en 1826, hasta 1845, el Perú tuvo cinco constituciones, diecinueve presidentes militares y tantas versiones del himno nacional como cuarteles y prefecturas. Recién en la década de 1860 se decidió que el himno tuviera una versión oficial, aprovechando que Alcedo había vuelto al país en 1864.

La partitura para el director de orquesta es parecida a los diagramas de barras que se usan para programar actividades. Pero en la partitura, en lugar de barras hay pentagramas con notas e instrucciones acerca de cuánto, cuándo y cómo debe ejecutar su parte cada instrumento. Por lo tanto, un cambio en la instrumentación modifica la percepción de la música, aunque ella siga siendo la misma. Para que la versión oficial del himno respetase la original, se requería de Alcedo. Sin embargo, a esas alturas el compositor se aproximaba a los 80 años, y carecía de contactos locales. Por ello se llamó a Claudio Rebagliati, un joven músico italiano llegado al Perú en 1863, procedente de Chile.

Rebagliati terminó su encargo en 1869, entregando la partitura completa para piano y orquesta. No obstante, su aprobación demoró hasta 1901, cuando una resolución de López de Romaña le dio reconocimiento oficial y, finalmente, en 1913, la ley Nº 1801 la declaró intangible. Aparentemente, para algunos fue difícil aceptar como versión oficial del himno la de un extranjero, reconocido como compositor de zamacuecas, que a su paso por Chile había absorbido los aires e influencias musicales de dicho país. La ley de 1913 debió zanjar el tema, pero no fue así, porque hay dos versiones del himno.

La versión oficial es la restauración e instrumentación que hizo Rebagliati, quien recuperó lo que pudo de la partitura original, y orquestó lo restante, con la aprobación del compositor. La de la OSN es la música de Alcedo orquestada por Leopold Weninger, de Breitkopf und Härtel. Herr Weninger fue, por cierto, un arreglista que trabajó para esa importante editora de música centroeuropea, y orquestó varias obras, incluyendo la famosa Marcha Radetzky, de Johann Strauss I. Por lo tanto, tenía pergaminos para el trabajo que se le atribuye. Pero ¿lo hizo? El detalladísimo catálogo de B&H no lo menciona ni por asomo. Los nombres germanos habrían servido para darle bautizo de postín a una partitura que ingresó de contrabando.

En 1950, el gobierno confirmó la intangibilidad del himno. Para hacerlo, se apoyó en la opinión de José María Arguedas, a la sazón funcionario del Ministerio de Educación. Por una cruel ironía, la versión atribuida a Weninger, que quiebra la intangibilidad, está editada por la Casa de la Cultura (hoy INC), de la que Arguedas fue director.

¿Cómo resolver el asunto? Tal vez como en la milicia. Habría que dar de baja sumaria a la versión pirata, y restituir la oficial. Es lo que corresponde.(Enrique Felices*)

Fuente: historiaperuana.blogspot.com