22 DE AGOSTO - DIA MUNDIAL DEL FOLKLORE


DIA MUNDIAL DEL FOLKLORE

En setiembre de 1996, el director general del Fondo Monetario Internacional (FMI), Michel Camdessus, declaró su asombro por lo poco que se hablaba acerca de la necesidad de “mantener y revitalizar la diversidad cultural del mundo, en un momento en que las niveladoras de la mundialización podrían aniquilarla”.

Al ser admitido, a través de aquellas declaraciones, el riesgo real que tal modernidad implicaba para miles de culturas diferentes, se generó una gran expectativa sobre las medidas que se tomarían de inmediato en países como el nuestro. Para consternación de quienes nos resistimos a sacrificar lo propio, en favor de lo novedosamente global, la advertencia fue desatendida, poniendo en evidencia el desconocimiento o subestimación de aquella diversidad por salvar.

Tan infortunada actitud -no está demás decirlo nuevamente- hará más efectiva en el Perú la amenaza sobre nuestro conjunto de modos de vida y costumbres, el conocimiento científico y técnico, así como al arte que floreció durante el imperio de los Incas, una de las más grandes civilizaciones del mundo, que se localizó en un vasto territorio que se extendía desde Pasto en Colombia, Tucumán en Argentina y el río Maule, al sur de Santiago de Chile.

Aquel legado cultural, tras la implantación del régimen republicano, fue relegado como consecuencia del persistente conflicto entre lo occidental y lo indígena, algo que, en el contexto del nacimiento de la nación, implicaba enfrentar un dilema mayor: ¿qué se designaba al hablar de “patria”? ¿ cuáles eran los aportes de nuestra doble herencia cultural que debían prevalecer en la formación de la peruanidad?. El conflicto, como se pudo comprobar tras la intervención de Michel Camdessus, sigue vigente en muchos aspectos.

DIA DEL FOLKLORE
En 1846, el estudioso William J. Thomas acuñó la palabra compuesta folklore: folk: popular, lore: ciencia o saber del pueblo, que alcanzó singular difusión internacional, y terminó siendo utilizada, con el paso de los años, en sentido peyorativo, para designar “el saber de todos los pueblos que tienen culturas distintas de la occidental”.

En nuestro país, se generalizó su uso para identificar los conocimientos y sabiduría nativos, negándoseles el “estatus” de cultura o arte. Es más, se ha considerado al llamado folklore como opuesto en esencia a la modernidad, a la ciencia y a la racionalidad, un saber no apto como posible alternativa de desarrollo socioeconómico y cultural.

Esta apreciación prejuiciosa no resiste el menor análisis. El Perú es tal vez el único país de América que puede exhibir más de 4,000 años continuos de civilización. Su cultura milenaria ha sabido valorar debidamente la relación hombre-naturaleza, así como desarrollar tecnologías respetando la tierra, instituyendo la solidaridad y la reciprocidad como parte del ejercicio de la libertad y de la justicia.*

Resulta lamentable que las expresiones de esa cultura, en tanto componentes del folklore, sean ignoradas o marginadas. En todo caso, en ausencia de una palabra que la reemplace y destaque su importancia, es conveniente precisar que la utilizamos para aproximarnos al conocimiento de uno de los más vastos y perdurables nexos del pueblo peruano con su cultura ancestral: los mitos, ritos, tradiciones, cuentos, leyendas, danzas, poesías, canciones que, tras un lento proceso de asimilación por nuestro pueblo, se enraizaron y fructifican en todos los aspectos de la vida.

Estas expresiones culturales no han permanecido incontaminadas, sino que se han enriquecido permanentemente, a través de aportes sucesivos, mediante diversos procesos migratorios que caracterizan nuestra historia. En consecuencia, el arte y la cultura presentes en nuestro folklore no se han conservado de manera estática o impermeable, y no se distinguen por alguna pureza arcaica, si la hay.

Entre nosotros, algunos podrían reconocer como “nuestros”, por ejemplo, el arpa o la guitarra, y éstos, en realidad, son instrumentos de larga historia a través de culturas, países y épocas diversas.

Esto o aquello, debe ser considerado perteneciente a nuestro folklore porque lo hemos asimilado, porque con ello hemos integrado un complejo que, aún constituido por elementos extraños y antiquísimos, representa en cierto modo nuestra propia recreación colectiva y anónima.

Bajo estas consideraciones, el maestro o estudioso del folklore tiene un gran reto: no sólo documentar lo lugareño y típico, sino analizarlo y compararlo. De ese sucesivo ahondamiento, bien puede resultar que las mismas supervivencias indígenas, tan propias, tan auténticas, tan indiscutibles, no sean sólo supervivencias indígenas, no sean tampoco americanas en absoluto ya que, las correlaciones y búsquedas de orígenes, nos llevarán a encontrar el curso migratorio de muchas conquistas del espíritu humano que nos resultan familiares en civilizaciones de Europa, África, Asia.

A lo hispánico, por ejemplo, sin desconocer el hecho que fuera impuesto, debemos no sólo la excelencia de su tradición, sino el entronque con lo más selecto del pensamiento humano. Esa riqueza cultural ,que venía ya por siglos recorriendo desde Oriente, sin contar la de procedencia cultural gótica, helénica o latina. En el caso de las culturas arábigas, tuvieron ocho siglos de plazo, para asentarse reposadamente en el alma hispana. Es decir, casi dos veces el tiempo que lleva América descubierta para los europeos.

Otro tanto puede decirse de lo que los europeos tomaron de nuestra América. Ellos aprendieron nuevas y extrañas palabras para describir las grandezas y particularidades de la cultura indígena. Es bueno recordar, en este sentido, que sólo del Perú proceden más de quinientos nuevos vocablos de la lengua española. Nuestro gran escritor José María Arguedas -en su estudio comparativo "Las comunidades de España y del Perú"- describió asimismo la influencia andina en el desarrollo del colectivismo agrario hispano.

El escritor Edgardo Rivera Martínez dice que "La identidad es un pasado, una raíz, es un modo de ser, pero, a la vez, es un camino por el cual transitar". Esta reflexión nos devuelve a un tema aludido inicialmente: la identidad. ¿Qué significa ser peruano? Esta es una pregunta que nos hemos hecho todos alguna vez. La urgente necesidad de develar nuestra identidad nos ha asaltado, sobre todo, estando en otro país o cuando hemos querido compartir con los "otros" ese sentimiento que con alguna imprecisión teórica llamamos peruanidad.

Y la peruanidad es eso, inicialmente un sentimiento que no sabemos, o no podemos compartir plenamente, por la imagen fragmentada que tenemos de nosotros mismos y la falta de examen de nuestra historia que es necesario hacer para reconocerse como sujeto colectivo.

Así, cuando se observan - y son observados- quienes participan de culturas nativas subordinadas desde hace quinientos años, aparece inevitablemente el racismo y la discriminación, distorsiones que se multiplican para quienes prefieren ver reflejada su identidad en el engañoso espejo de culturas excluyentes.

La alegría colectiva que nos procura el folklore es un componente de la identidad nacional, un punto de encuentro para la formación del nacionalismo peruano, porque en el folklore surge, nutrida de expresiones y matices, la cultura y el espíritu artístico que conforman el alma de nuestra personalidad milenaria.

* En el año 2001 La Unesco adoptó la Declaración sobre la diversidad cultural con la aprobación unánime de sus miembros, entre ellos el Perú. En ella se reconoce que la diversidad cultural es un “patrimonio cultural de la humanidad” y “una de las fuentes de desarrollo”, y que su defensa es un imperativo ético, inseparable del respeto de la dignidad de la persona humana.

En el Perú se habla más de 40 lenguas desde tiempos inmemoriales, pero al quechua le ha correspondido un mayor protagonismo en nuestra historia. Saber más de él resulta ideal para aproximarnos a la rica veta del folklore peruano. Arguedas decía "El quechua es la expresión legítima del hombre de esta tierra, del hombre como criatura de este paisaje y de esta luz; con el quechua se habla en forma profunda, se describe y se dice el alma de esta luz y de este campo, como belleza y como residencia".

Día mundial del folclore
Fuente: www.deperu.com/