CUENTO PERUANO - Cuento del Pucu-pucu y el Gallo

CUENTO DEL PUCU-PUCU Y EL GALLO

Dicen que antiguamente, en estas tierras del altiplano y de los Andes, no había gallos, ni gallinas. En esos tiempos, dicen que sólo el Pucu-pucu hacía despertar y daba las horas a los hombres.

El Pucu-pucues un ave pequeña, del tamaño de una paloma mensajera. Esta ave grita: !Pucuy, pucuy,pucuy! Y dicen que antiguamente, antes de que llegasen los españoles, daba las horas y despertaba a la gente. Y además, el Pucu-pucu vivía cerca de la casa de la gente. Un día, una mañana dicen que se escuchó el canto de un ave de esta manera:
- !Cocorocóoo!

El Pucu-pucu y los hombres de los Andes escucharon nomás, hasta que nuevamente:
- !Cocorocóoo! - se volvió a escuchar.

Tanto el Pucu-pucu como los pobladores se preguntaban:
- ¿Qué será, no? !Qué animal tan raro que canta así!

El canto de este recién llegado se escuchó repetidas veces, día y noche. El Pucu-pucu como heredero, como único heredero y como único despertador, como legítimo despertador de la gente, fue en busca de este intruso. Era el Gallo. Pucu-pucu le dijo
:-!Oiga señor!¿Quién es usted? Y ¿de dónde ha venido? Aquí yo soy el único llamado a cantar, a dar las horas y hacer despertar a la gente. Este derecho lo he adquirido desde los abuelos, desde los abuelos de mis abuelos. Así que haga usted el favor de irse y cante en sus tierras, cante en su casa.

El Gallo, al oír esto, se puso muy furioso e inmediatamente empezó a golpear al Pucu-pucu.

El Gallo le respondió:
-!Carajo, qué atrevido eres! Has de saber que en estas tierras mi amo es el que se ha impuesto y como tal, yo también tengo pleno derecho a cantar.

En estas circunstancias Pucu-pucu no cesaba de reclamar sus bien ganados derechos de hacer despertar a la gente, de merecer su respeto y ser el único con derecho a cantar. Frente a esto, el Gallo maltrataba a Pucu-pucu. Las razones no valen y se impone la brutalidad. Pucu-pucu se ve obligado a huir y a buscar la justicia ante la "autoridad" respectiva. Así es como se fue en busca del Señor Juez al pueblo lejano.

Pucu-pucu se fue volando y se presentó ante el juez de esta manera:
-¡Señor Juez! En mi comunidad, en mi ayllu se ha presentado un intruso, dice que es el Gallo y está cantando. A ese señor yo no lo conozco, nunca lo conocí. Y ahora canta de día y de noche y todavía más: vive en la casa de la gente. !Esto no puedo permitírselo! Pues que se vaya, que se recoja al lugar de donde ha venido.

Entonces, el Juez de ese pueblo, quien por desgracia también era un recién llegado, o sea un español, le dijo así:
- Está bien señor Pucu-pucu. Usted reclama bien sus derechos ganados. Usted debe merecer justicia. Y para esto, notifique usted mismo a ese Gallo intruso para que comparezca ante mi despacho. Luego, a usted se le hará justicia.

Dicho esto, Pucu-pucu se fue en busca del Gallo; pero, como Pucu-pucu había sido agredido, tanto de palabra como de obra, tuvo, pues, bastante cuidado y de alguna manera llegó hasta donde el Gallo. El Gallo no quiso comparecer ante el juez; pero, ante las exigencias de Pucu-pucu y con la certeza de que podía imponerse, fue donde el Juez.

Llegaron los dos ante el señor Juez. El señor Juez los escuchó a ambos: tanto a Pucu-pucu, el demandante, como al Gallo, el demandado. Después de identificar al Gallo, dio la respuesta siguiente:
-¡Señores, aquí no se puede hacer justicia de cualquier manera! Los dos piden lo mismo, ambos reclaman el derecho a cantar; entonces, para que la justicia sea equitativa y verdadera, deben presentar un escrito. Tienen que presentar un recurso y se les hará justicia.

Después de haber escuchado las palabras del juez, demandado y demandante salieron hacia sus alojamientos respectivos. Pucu-pucu, sin embargo, se fue en busca de alguien que le redactara el recurso.

En ese pueblo solamente había dos personas que sabían redactar recursos o escritos. Eran, justamente, el Ratón y el Zorro. Pucu-pucu había recurrido ante el ratón y éste le redactó el recurso. Luego, se fue al despacho del señor Juez a presentar su demanda; pero, el Ratón que había redactado el recurso se fue inmediatamente a donde el Gallo. Este estaba en su alojamiento un tanto preocupado comiendo su tostado de maíz con queso.

El Ratón le dijo al Gallo:
-Caballero, ¿cómo está usted? ¡Qué rico fiambre! Hay algo que debe saber: en este mismo instante el miserable de Pucu-pucu está presentando una queja en contra de usted. El pide que usted se retire de estas tierras. Dice que sólo él tiene derecho a cantar en estas tierras y que usted es un intruso y tiene que retirarse. Yo mismo he redactado el recurso y por eso lo sé. Pero, como la demanda es en contra de su digna persona, es para ayudarle que he venido a avisarle. A cambio le pidió maíz tostado y queso.

El Ratón se ofreció también a redactarle el recurso al Gallo. Como el Gallo temía al Zorro, no tuvo otra alternativa que aceptar que el Ratón le redactara el recurso. Una vez redactado, se fueron al despacho del señor Juez a entregar el recurso. En el despacho encontraron al señor Juez y a Pucu-pucu. El juez les recibió los recursos.

El Gallo en su recurso aludía que, por el hecho de que sus amos habían conquistado estas tierras, a él le correspondía dominar en estas tierras. El señor Juez, luego de recibirles los respectivos recursos, se puso a "leer" los papeles de un lado y de otro lado, por arriba y por abajo, dándoles vueltas, y al final les dijo así:
- !Bien, señores! Este caso es un tanto difícil de resolver. Voy a estudiar vuestros recursos durante toda la noche y ustedes no dejen de rezar y pedir a Dios para que me ilumine y puedan alcanzar una justicia cabal. No peleen, no hagan bulla durante la noche. Tendrá mayor opción a alcanzar justicia quien mañana me despierte bien temprano. -Dicho esto los mandó a que se retiren.

Tanto el Pucu-pucu como el Gallo se retiraron a sus respectivos alojamientos; pero el Ratón, quien también había estado presente en el acto, se fue por otro camino al alojamiento del Gallo. El Gallo realmente se mostraba preocupado. Cuando el Ratón llegó al alojamiento del Gallo, le dijo:
- Hermano !No te preocupes tanto, pues vamos a ganar este juicio; yo sé por qué te lo digo. Conmigo no vas a perder, lo único que tienes que hacer es darme bastante tostado y darme quesito. De lo demás me encargo yo!

Al oír esto, el Gallo contestó:
- ¿Pero qué podemos hacer? Efectivamente el Pucu-pucu tiene razón en su petitorio.

Entonces, el ratón dijo:
-¡Fíjate hermano! Ya sé cómo vamos a hacer. Primero consíguete un carnero muerto. De noche se lo llevaremos al señor Juez, y él de hecho resolverá el caso a nuestro favor. Además nos prestaremos su reloj para saber la hora y poder despertarlo temprano, como él quiere. ¡Yo sé lo que te digo! Confía en mí, hagamos esto y ganaremos el juicio. Pero...tienes que darme tostadito y quesito. Además, yo puedo y he entrado muchas veces al despacho del señor Juez y he hecho desaparecer muchos recursos. Muchos litigantes han ganado sus juicios gracias a mis habilidades y conocimientos. Así es que no te preocupes.

Como resultado, efectivamente, recibió más queso y más tostado.

El Gallo consiguió el carnero y junto con el Ratón fue a la casa del señor Juez. Le entregaron el carnero rogándole que fallara a favor del Gallo; además, le pidieron su reloj prestado.

Luego, conforme a los acuerdos, el ratón entró al despacho del señor Juez por uno de los tantos agujeros que había allí, se subió a la mesa del despacho y, efectivamente, sustrajo el recurso presentado por Pucu-pucu y, acto seguido, lo hizo desaparecer destruyéndolo. Luego celebraron su acción, tomándose unos tragos y ofrendaron parte del licor a la Pachamama para ser favorecidos en el juicio, esperando que el Pucu-pucu se quedara dormido. Así, luego del "trabajo", tanto el Ratón como el Gallo se fueron a descansar, plácidamente.

Por otro lado, Pucu-pucu se encontraba solitario en su alojamiento, mascando su coquita, sumamente preocupado. Y, por este mismo hecho, cantaba de rato en rato sin qué ni por qué. El se dijo:
-Estaré despierto toda la noche. Esta preocupación no me deja dormir.

Efectivamente, no se durmió hasta pasada la media noche. Pero, pasada la media noche agarró el sueño y se quedó profundamente dormido hasta el día siguiente.

Mientras, en el otro alojamiento, el Ratón se despertaba a cada instante y miraba la hora. El reloj marcaba las 4 de la mañana; entonces, muy apresurado, le dijo al Gallo:
-¡Señor! ¡Señor! ¡Despierta! ¡Es hora de que cantes! ¡Hagamos despertar al señor Juez!

El Gallo sacudió las alas y empezó a cantar a todo pulmón:
-¡Cocorocóoo! ¡Cocorocóoo! ¡Cocorocóoo!

Al canto del Gallo, el señor Juez se despertó; pero también despertó a Pucu-pucu y a toda la población. Pucu-pucu notoriamente sobresaltado y todavía con los ojos medio cerrados, empezó a cantar:
-¡Pucuy pucuy! ¡Pucuy pucuy! ¡Pucuy pucuy!

Pero, era el Gallo el que había cantado primero y había despertado al señor Juez.
Los dos litigantes se encontraban en presencia del Ratón y de otros vecinos. El señor Juez, muy serio y notoriamente enfadado, se dirigió a Pucu-pucu y lo increpó, diciéndole:
-¡So indio, carajo! ¡Seguro que te emborrachaste toda la noche, por eso no me dejaste ni dormir! Hiciste bulla, has peleado, perturbaste toda la noche la tranquilidad del vecindario. ¡Ustedes siempre son así! !No saben comportarse! -Así hizo agachar la cabeza a Pucu-pucu, no lo dejaba ni hablar. Luego agregó:
-¡A ver,indio! ¡ ¿Dónde está tu escrito?! -Ante el maltrato, Pucu-pucu un tanto humillado contestó:
-¡Papá! Mi recurso te lo presenté ayer y lo pusiste en la mesa.

El señor Juez lo buscó sobre su mesa, en vano revisó toda una ruma de recursos pendientes y no encontró el del Pucu-pucu.
¿Pues qué recurso iba a encontrar si el Ratón se lo había robado y lo había destruido?

Luego de desempolvar sus papeles por un buen rato, el señor Juez le preguntó al gallo:
- !A ver usted, caballero, su recurso!

El gallo ante tan cortés pregunta, respondió:
-!Señor Juez! Ayer yo le presenté mi recurso y usted, luego de leerlo, lo puso sobre la mesa.

El juez encontró rápidamente el escrito presentado por el Gallo. Le dio lectura muy rápidamente y luego de una pausa concluyó el juicio, dando su sentencia:
-¡Bien, señores! El fallo es el siguiente: El señor Gallo tiene toda la razón. El pide lo justo, efectivamente su amo tiene el poder en estas sus tierras: es el vencedor, el conquistador.

Por tanto, el señor Gallo también tiene todo el derecho a cantar y a despertar a la población bien temprano. Por otro lado, la población tiene el deber de mantener, de alimentar al Gallo. El Gallo además tendrá casa y vivirá en la casa de la gente. Ha dicho toda la verdad y nada más que la verdad y, por tanto, su petición es justa.

Luego dirigiéndose a Pucu-pucu, dijo:
- En cambio, este indio Pucu-pucu es un mentiroso, un farsante, ha dicho cosas falaces y ha calumniado. En castigo, vivirá muy alejado de la población y en los parajes más solitarios; allí gritará desordenadamente. Y, gracias a mi benevolencia, tiene derecho a comer y alimentarse de algunos frutos silvestres.

Con esto terminó el sonado juicio entre el Gallo y el Pucu-pucu. Y dicen, pues, que desde aquel día el Pucu-pucu canta desordenadamente y no como antes lo sabía hacer, sólo para despertar temprano a la gente. Desde aquella vez, dicen, que Pucu-pucu vive alejado de la gente, escondido y camuflado entre las rocas.

El Gallo, en cambio, vive entre la gente y canta para despertar a la gente y por estos sus servicios es alimentado.

Como en el juicio, también el Ratón había participado, a éste le dijo el juez:
-Tú también Ratón, tienes derecho a entrar a la casa de la gente y alimentarte allí.
Dicen, pues, que desde aquella vez, el Ratón vive en la casa muy cerca de la gente, produciendo los estragos que todos conocemos.

Dicen, pues, que, así, de esta manera el Gallo le 'ganó' el juicio al Pucu-pucu. Por eso nosotros los indios hemos perdido la fuerza y en los juicios perdemos también nuestras tierras; pero llegará el día en que recuperaremos todo lo que es nuestro y expulsaremos a los intrusos y extraños. Ese día el Pucu-pucu volverá a dar las horas para despertar a la gente.

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